Mientras el suelo temblaba el 10 de agosto, en Montería y todo Córdoba floreció lo mejor de la raza: palas, agua, sangre, abrazos y ese "¿estás bien, parce?" que vale más que mil discursos. No importó el voto, el barrio ni el apellido; la gente se volcó a levantar escombros y ánimos como si fuera un solo corazón costeño latiendo.
Pero ojo: la columna de El Meridiano nos sacude la conciencia. Ser resiliente no es aguantar callado, es no dejar solo al que llora. A veces ayudar es callar, acompañar sin invadir, respetar el duelo ajeno. En tiempos donde todo se graba y se sube, la verdadera hidalguía es estar sin reflectores. ¡Eso es ser cordobés de pura cepa!
Fuente: El Meridiano
