Escombros de humildes viviendas y edificios sin especificaciones técnicas evidencian la negligencia de quienes deben autorizar y vigilar la construcción. Maestros de obra y propietarios improvisan cimientos creyendo que el tiempo y la naturaleza no pasarán factura, pero las filtraciones y el sol carcomen las entrañas de estructuras condenadas al colapso.
Lejos de la mirada del Estado, entre ríos y selvas, se esconde la pobreza y se fuga el dinero de las vías. Mientras la justicia no llega, grupos ilegales y sacadores de oro explotan el territorio a sus anchas. El grito de dolor de pueblos abandonados se ahoga en la indiferencia de una Colombia que le da la espalda al Chocó.
Fuente: El Meridiano
